el espacio (continuación y fin)
Me gustaría que hubiera lugares estables, inmóviles, intangibles, intocados y casi intocables, inmutables, arraigados; lugares que fueran referencias, puntos de partida, principios:
Mi país
natal, la cuna de mi familia, la casa donde habría nacido, el árbol que habría
visto crecer (que mi padre habría plantado el día de mi nacimiento), el desván
de mi infancia lleno de recuerdos intactos...
Tales
lugares no existen, y como no existen el espacio se vuelve pregunta, deja de
ser evidencia, deja de estar incorporado, deja de estar apropiado. El espacio
es una duda: continuamente necesito marcarlo, designarlo; nunca es mío, nunca
me es dado, tengo que conquistarlo.
Mis
espacios son frágiles: el tiempo va a desgastarlos, va a destruirlos: nada se
parecerá ya a lo que era, mis recuerdos me traicionarán, el olvido se
infiltrará en mi memoria, miraré algunas fotos amarillentas con los bordes
rotos sin poder reconocerlas. Ya no estará el cartel con letras de porcelana
blanca pegadas en forma de arco circular sobre el espejo del pequeño café de la
calle Coquillière: «Aquí consultarnos el Bottin» y «Bocadillos a todas horas».
El
espacio se deshace como la arena que se desliza entre los dedos. El tiempo se
lo lleva y sólo me deja unos cuantos pedazos informes:
Escribir:
tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva:
arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en
alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.
http://monoskop.org/images/4/4c/Perec_Georges_Especies_de_espacios_2a_ed.pdf
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